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La idealización de la delgadez extrema eleva el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria entre las jóvenes

Redacción La creciente visibilidad de cuerpos extremadamente delgados como referentes de belleza, éxito y bienestar puede tener un impacto negativo sobre la salud mental y física de los jóvenes.

Redacción HyperNews

· 3 min de lectura · 0 lecturas · Fuente: iSanidad ↗

La idealización de la delgadez extrema eleva el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria entre las jóvenes
Foto: iSanidad

Redacción La creciente visibilidad de cuerpos extremadamente delgados como referentes de belleza, éxito y bienestar puede tener un impacto negativo sobre la salud mental y física de los jóvenes. La Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Universitario Quirónsalud Pozuelo advierte de que la exposición continuada a estos modelos corporales puede incrementar la insatisfacción con el propio cuerpo y favorecer comportamientos poco saludables para perder peso.

“La exposición repetida a ideales corporales muy delgados puede contribuir a aumentar la insatisfacción corporal, la comparación social y la internalización de un ideal de delgadez, especialmente en adolescentes y personas vulnerables”, explica Paula Villapalos, psicóloga de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del centro.

La especialista aclara que ver a una persona muy delgada no provoca por sí solo un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). Estas patologías tienen un origen multifactorial, en el que intervienen factores biológicos, psicológicos, familiares y socioculturales. Sin embargo, el riesgo aumenta cuando un único tipo de cuerpo se presenta reiteradamente como sinónimo de salud, belleza, éxito y aceptación social.

Esta tendencia, que recupera cánones de delgadez extrema ya presentes durante el siglo pasado, vuelve a ganar presencia entre artistas y personajes conocidos. Algunas figuras públicas han reconocido, además, el consumo de agonistas del receptor GLP-1 para conseguir importantes pérdidas de peso.

Villapalos recuerda que estos medicamentos se desarrollaron inicialmente para tratar la diabetes tipo 2 y que algunos también están indicados para el manejo de la obesidad cuando se cumplen determinados criterios clínicos. Por este motivo, su utilización debe estar precedida siempre de una valoración médica individualizada que considere el estado de salud, los beneficios esperados y los posibles riesgos. “Fuera de estas indicaciones, la evidencia científica actual no respalda su utilización con fines exclusivamente estéticos”, subraya la psicóloga.

Cuando la delgadez extrema adquiere una elevada visibilidad, aumenta la presión por conseguir un tipo de cuerpo que no resulta realista ni saludable para la mayoría de la población. Este impacto es especialmente relevante durante la adolescencia y entre las personas con mayor vulnerabilidad psicológica.

El deseo de alcanzar ese ideal puede favorecer conductas como la restricción alimentaria, el ejercicio físico compulsivo o el recurso a otras estrategias perjudiciales para perder peso. Todas ellas incrementan la vulnerabilidad al desarrollo de un TCA.

También presentan un mayor riesgo las personas con antecedentes de estos trastornos o con una elevada insatisfacción corporal. Otros factores como la baja autoestima, el perfeccionismo relacionado con la imagen y la preocupación excesiva por el peso o la apariencia pueden intensificarse ante la exposición continuada a mensajes que idealizan un único modelo corporal.

Ante el elevado número de imágenes que ensalzan la delgadez extrema, la especialista considera fundamental explicar a los jóvenes que esos cuerpos no representan la diversidad corporal de la población. “Cada persona tiene una constitución, una genética y unas circunstancias diferentes, por lo que no existe un único cuerpo saludable al que aspirar”, señala.

Asimismo, recomienda enseñar a utilizar las redes sociales con sentido crítico y recordar que muchas publicaciones muestran una versión seleccionada o editada de la realidad. La apariencia física, además, no permite conocer el estado de salud de una persona. “El objetivo no es convencerles de que esos cuerpos no existen, sino de que no tienen por qué convertirse en un modelo con el que compararse”, precisa.

La profesional también incide en que un peso extremadamente bajo no equivale a un buen estado de salud. Cuando la ingesta energética resulta insuficiente, pueden aparecer complicaciones médicas como pérdida de masa muscular, alteraciones hormonales, disminución de la densidad ósea, problemas gastrointestinales y dificultades en la regulación de la temperatura corporal.


Fuente original

Escrito originalmente por @isanidad para iSanidad. Lee la noticia completa en iSanidad ↗

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