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Esto es lo que dicen los psicólogos si siempre has intentado mantener tu lugar cuando te han dicho que "eres una persona muy madura para tu edad"

Que durante la infancia te repitan que eres "muy maduro para tu edad" puede sonar a elogio. Sin embargo, la psicología advierte de que este tipo de reconocimiento también puede tener otra cara cuando acaba…

Redacción HyperNews

· 2 min de lectura · 0 lecturas · Fuente: Vanitatis ↗

Esto es lo que dicen los psicólogos si siempre has intentado mantener tu lugar cuando te han dicho que "eres una persona muy madura para tu edad"
Foto: Vanitatis

Que durante la infancia te repitan que eres "muy maduro para tu edad" puede sonar a elogio. Sin embargo, la psicología advierte de que este tipo de reconocimiento también puede tener otra cara cuando acaba convirtiéndose en una expectativa permanente.

La psicóloga Elena Arnaiz explica que algunas personas aprenden desde muy pronto que reciben aprobación cuando ayudan, ceden o se comportan como se espera de ellas. Con el tiempo, esa dinámica puede hacer que intenten conservar ese papel a toda costa, incluso cuando implica dejar en segundo plano sus propias necesidades.

El problema no está en ser generoso, responsable o atento con los demás. La dificultad aparece cuando estas cualidades dejan de ser una elección y pasan a sentirse como una obligación.

Una persona puede acostumbrarse a ser quien resuelve, quien escucha, quien acepta un plan aunque no le apetezca o quien evita pedir ayuda para no preocupar a nadie. Desde fuera puede parecer alguien especialmente comprometido, pero por dentro puede estar acumulando cansancio y frustración.

Arnaiz señala que este patrón puede construirse de forma progresiva. Si durante años una persona ha recibido reconocimiento precisamente por comportarse de determinada manera, poner un límite puede llegar a sentirse como una amenaza a su identidad.

El miedo a decepcionar pesa más que el cansancio

Decir que no, pedir espacio o reconocer que uno no puede con todo puede resultar especialmente difícil para quienes han aprendido a sentirse valiosos a través de lo que hacen por otros. En estos casos, negarse a una petición puede despertar culpa o miedo a parecer egoísta. También puede aparecer la sensación de que, si se deja de estar disponible, cambiará la forma en que los demás perciben o valoran a esa persona.

El resultado puede manifestarse en forma de agotamiento, irritabilidad o enfado después de aceptar compromisos que realmente no se querían asumir. No siempre es falta de paciencia: a veces es la consecuencia de haber ignorado durante demasiado tiempo las propias necesidades.

La salida no consiste en dejar de ayudar ni en adoptar una actitud distante. El objetivo, según explica Arnaiz, pasa por recuperar la capacidad de decidir cuándo se quiere estar disponible y cuándo es necesario reservar tiempo y energía para uno mismo.

Poner límites puede generar incomodidad al principio, especialmente si el entorno estaba acostumbrado a recibir siempre una respuesta afirmativa. Pero esa incomodidad no significa que el límite sea injusto.

La verdadera diferencia está en poder ayudar porque se desea hacerlo y no porque se sienta que el cariño, el reconocimiento o la propia valía dependen de ello. Aprender a reservarse un espacio también forma parte de construir relaciones más equilibradas y de dejar de vivir permanentemente pendiente de cumplir con el papel que otros esperan.


Fuente original

Escrito originalmente por @vanitatis para Vanitatis. Lee la noticia completa en Vanitatis ↗

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