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Eduard Estivill, médico del sueño: “Para que el cerebro pueda dormirse necesita enfriarse un poco y perder temperatura”

Dormirse no depende únicamente de estar cansado. La temperatura corporal sigue un ritmo circadiano y comienza a descender cuando se aproxima la noche, mientras aumenta el flujo sanguíneo hacia zonas periféricas como las…

Redacción HyperNews

· 3 min de lectura · 0 lecturas · Fuente: Vanitatis ↗

Eduard Estivill, médico del sueño: “Para que el cerebro pueda dormirse necesita enfriarse un poco y perder temperatura”
Foto: Vanitatis

Dormirse no depende únicamente de estar cansado. La temperatura corporal sigue un ritmo circadiano y comienza a descender cuando se aproxima la noche, mientras aumenta el flujo sanguíneo hacia zonas periféricas como las manos y los pies. Este mecanismo de termorregulación forma parte de los cambios fisiológicos que preparan al organismo para pasar de la vigilia al sueño.

La relación entre temperatura y descanso es suficientemente estrecha como para que una revisión científica reciente señale las alteraciones de la temperatura corporal central y de su distribución hacia la piel entre los procesos que pueden influir en el tiempo que tardamos en dormirnos y en la fragmentación del sueño.

¿Por qué necesitamos perder calor para dormir?

Eduard Estivill, médico especializado en sueño, explica este proceso de una manera sencilla: “Para que el cerebro pueda dormirse necesita enfriarse un poco, es decir, necesita perder esta temperatura”. El especialista señala que este descenso coincide con un calentamiento de las partes más distales del cuerpo, especialmente las manos y los pies.

La explicación fisiológica requiere algún matiz. No es exactamente que la temperatura del cerebro se desplace literalmente hasta los pies, sino que los vasos sanguíneos de la piel se dilatan y aumenta el flujo de sangre hacia las extremidades, facilitando la disipación del calor corporal. Como consecuencia, la temperatura de la piel de manos y pies aumenta mientras la temperatura interna tiende a disminuir.

¿Qué dice la ciencia sobre calentar los pies?

Una investigación publicada sobre los mecanismos que conducen al inicio del sueño encontró que la redistribución del calor hacia las zonas distales del cuerpo era un mejor predictor del tiempo necesario para quedarse dormido que la temperatura corporal central, la frecuencia cardíaca, el inicio de la secreción de melatonina o la sensación subjetiva de sueño.

Los investigadores utilizan para estudiar este fenómeno el llamado gradiente de temperatura distal-proximal, que compara la temperatura de manos y pies con la de regiones más centrales. Cuanto más favorecida está la vasodilatación periférica y la pérdida de calor, mayor suele ser la predisposición fisiológica al sueño.

Esto no significa que ponerse unos calcetines garantice dormir bien. El propio Estivill recuerda que algunas personas recurren de forma natural a ellos o a una bolsa de agua caliente cuando tienen los pies fríos. La evidencia experimental apunta en la misma dirección, aunque con resultados que dependen de las condiciones y de las personas estudiadas.

¿Los calcetines para dormir ayudan?

Un pequeño estudio realizado en un ambiente fresco observó que quienes utilizaron calcetines para mantener calientes los pies tardaron, de media, 7,5 minutos menos en dormirse y acumularon 32 minutos más de sueño que cuando no los utilizaron.

La temperatura es, por tanto, una pieza más de un sistema mucho más complejo. Estivill insiste durante la entrevista en que “el sueño no viene de golpe”, sino que debe prepararse a lo largo del día mediante horarios relativamente regulares, exposición a la luz y una reducción progresiva de la activación durante las horas anteriores a acostarse.

Por eso, cuando existe dificultad persistente para conciliar o mantener el sueño, calentar los pies puede resultar agradable, pero no sustituye la búsqueda de la causa. Los problemas de sueño pueden estar relacionados con los ritmos circadianos, el estrés, determinados hábitos, enfermedades o trastornos específicos, y requieren una valoración profesional cuando se mantienen en el tiempo. La temperatura ayuda a explicar cómo el organismo abre fisiológicamente la puerta al sueño, pero no es el único interruptor que decide cuándo conseguimos dormirnos.


Fuente original

Escrito originalmente por @vanitatis para Vanitatis. Lee la noticia completa en Vanitatis ↗

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