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Para las empresas industriales la energía ya no es (solo) una cuestión de precio

La empresa industrial española ya no mira únicamente el kWh para desarrollar su estrategia energética. El criterio ha pasado de la compra de energía al precio más barato posible a un enfoque tridimensional basado en los…

Redacción HyperNews

· 6 min de lectura · 0 lecturas · Fuente: Confidencial Digital ↗

Para las empresas industriales la energía ya no es (solo) una cuestión de precio
Foto: Confidencial Digital

La empresa industrial española ya no mira únicamente el kWh para desarrollar su estrategia energética. El criterio ha pasado de la compra de energía al precio más barato posible a un enfoque tridimensional basado en los ejes de la seguridad de suministro, la gestión activa y flexible del consumo y el cumplimiento regulatorio de descarbonización como condición de competitividad internacional.

Y es que, para una organización industrial, el coste de la energía no depende sólo del precio unitario, sino también de la estabilidad, la flexibilidad, el riesgo asumido y la capacidad de adaptación del contrato, unido al cumplimiento de una normativa medioambiental cada vez más severa. Por eso, en muchas compañías, la contratación energética ya no depende únicamente del departamento de compras. Cada vez intervienen más áreas: dirección financiera, operaciones, sostenibilidad y dirección general.

Motivos que se entrelazan

Los motivos que explican este viraje se entrelazan: en el terreno económico, la industria electrointensiva española (es decir, la que concentra una gran demanda de energía) sigue pagando una factura eléctrica un 76 % más cara que la francesa y un 5 % superior a la alemana, penalizada por cargas regulatorias inexistentes en esos países.

En paralelo, la madurez tecnológica del almacenamiento y la agregación ha abierto la puerta a que las empresas dejen de ser meras consumidoras y empiecen a monetizar su flexibilidad energética. Este es un aspecto clave, pues en los últimos años, sobre todo desde el apagón de abril de 2025, el sector venía reclamando acelerar el almacenamiento y la flexibilidad. El autoconsumo se posiciona hoy como palanca de seguridad de suministro y no solo de ahorro. El autoconsumo también sirve para paliar los posibles efectos que se derivan de un delicado escenario geopolítico que genera incertidumbre en forma de fuertes y súbitas oscilaciones del precio de la energía.

Para explicar el cambio de criterios estratégicos energéticos de las empresas industriales no se puede dejar de lado el aspecto regulatorio. Marcos europeos como Fit for 55, el CBAM o la RED III imponen plazos y costes ineludibles a la descarbonización. Las empresas que no sitúen en el core de su estrategia de negocio la descarbonización y la implementación de medidas para favorecer el medioambiente reduciendo el impacto de su actividad, van a estar completamente fuera de juego en el corto plazo. No obstantes, fondos del PERTE, NextGenerationEU o las subastas europeas han hecho por fin rentables proyectos de electrificación, hidrógeno y almacenamiento que antes tenían serias dificultades para cuadrar en los balances.

El gas natural sigue siendo clave para muchas industrias

Según datos del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE), el gas natural es una de las principales fuentes de consumo final del sector industrial en España, con un peso cercano al 40%. No es, por tanto, un suministro secundario: para muchas plantas es parte esencial de su funcionamiento diario ya que resulta necesario para procesos térmicos, generación de vapor, hornos, secado, cogeneración o producción continua.

Pero el actual contexto ha llevado a una gran cantidad de empresas industriales españolas a dejar atrás la contratación rígida de gas para adoptar criterios mucho más flexibles y de gestión activa del riesgo: cada vez más optan por contratos indexados al MIBGAS el mercado ibérico, que cotiza con un diferencial estructural más barato que el índice europeo TTF frente a los contratos a precio fijo, buscando aprovechar esa ventaja local sin renunciar a la posibilidad de cubrirse con instrumentos financieros cuando la volatilidad lo aconseja. Y esto explica, también, por qué muchas industrias intensivas en energía como la cerámica, la química, la siderurgia o el vidrio, están sustituyendo gas natural por electrificación directa o hidrógeno verde en procesos de alta temperatura, en un giro impulsado por el PERTE de Descarbonización Industrial que suma más de 11 600 millones de euros de inversión total.

La cuestión es que las empresas ya no se limitan a preguntar cuánto cuesta el suministro en un momento concreto. También quieren saber qué ocurrirá si cambia su producción, si necesitan consumir más o menos de lo previsto, si el mercado sube o si conviene fijar precios. La contratación energética se ha convertido en una decisión operativa y financiera.

Los nuevos contratos de gas natural

Teniendo en cuenta las tendencias actuales, los contratos de gas natural para empresas se valoran hoy por muchos más elementos que el precio inicial. Importan la duración del acuerdo, la flexibilidad del consumo, las garantías, la indexación, la posibilidad de cerrar coberturas y la adaptación al perfil real de cada planta. En suma, una industria con consumo estable no tiene las mismas necesidades que otra con picos estacionales o producción variable.

La volatilidad obliga a gestionar el riesgo

La evolución del mercado energético en los últimos años ha hecho que muchas compañías revisen su forma de comprar energía. Los precios mayoristas pueden variar en función de la demanda, la situación internacional, el almacenamiento, la disponibilidad de suministro y otros factores externos.

A la hora de elegir las mejores soluciones energéticas para grandes empresas hay una serie de criterios importantes a tener en cuenta, como la estabilidad del coste durante el periodo contratado, la flexibilidad ante cambios de consumo, la posibilidad de coberturas a medio y largo plazo, la coordinación entre electricidad y gas, las condiciones financieras y garantías exigidas, las herramientas para controlar el riesgo y la información clara para la toma de decisiones.

Ante esta realidad compleja, dependiente de múltiples factores con diversos índices de variabilidad, algunas empresas prefieren asegurar una parte de su consumo mediante coberturas a medio o largo plazo. También existen productos estructurados, como futuros u opciones, que permiten organizar mejor el riesgo. Axpo Iberia, por ejemplo, ofrece coberturas de precio a largo plazo, de 1 a 10 años, con flexibilidad en plazo, tipo de producto, garantías y condiciones.

Acceso al mercado y nuevos modelos de participación

La transición energética está abriendo espacio para que grandes consumidores también participen en mecanismos de balance, restricciones técnicas o representación ante los operadores del sistema y del mercado.

Para una empresa industrial, esto supone pasar de una relación pasiva con la energía a una gestión más activa. No todas las compañías podrán o querrán participar en estos mecanismos de suministro de electricidad para la industria. Sin embargo, el hecho de que existan muestra cómo está cambiando el mercado. La energía ya no se compra sólo para consumirla; también se gestiona para reducir riesgos, optimizar costes y mejorar la planificación.

En concreto, en su transición de consumidores pasivos a gestores activos de la energía, las empresas industriales pueden, por ejemplo, instalar baterías que cargan cuando el precio de la electricidad es negativo o muy bajo algo que ocurre con frecuencia en horas de alta generación solar y descargarlas en las horas punta para evitar comprar a precios elevados, o incluso vender esa energía almacenada al mercado a través de un agregador independiente. También pueden desplazar procesos productivos intensivos en energía como hornos, compresores o líneas de producción, a las franjas horarias más baratas mediante sistemas de gestión energética automatizados. O participar en mercados de balance ofreciendo su capacidad de reducir consumo a cambio de un pago. O firmar acuerdos de tolling mediante los cuales un operador externo gestiona su batería industrial a cambio de un pago fijo por capacidad, como ya ocurre en varios proyectos españoles de almacenamiento.

Una decisión estratégica para la industria

Mirar únicamente el precio del kWh o del suministro de gas puede llevar a conclusiones incompletas. Un contrato aparentemente barato puede no ser el más adecuado si no ofrece flexibilidad, si expone demasiado al mercado o si no se adapta a los ritmos reales de producción.

Para asegurar su competitividad, las industrias buscan ahora contratos más personalizados, mejor seguimiento y herramientas para tomar decisiones con más información. La clave está en que las nuevas herramientas se ajusten a la realidad de cada empresa y no se utilicen de forma estándar.

El precio seguirá siendo importante, por supuesto, pero ya no es suficiente. Para muchas compañías industriales, la pregunta ha cambiado: no se trata solo de cuánto cuesta la energía hoy, sino de cómo garantizar un suministro competitivo, flexible y previsible durante los próximos años.


Fuente original

Publicado originalmente por Confidencial Digital. Lee la noticia completa en Confidencial Digital ↗

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