La obesidad infantil va más allá de la dieta: las pantallas, el sueño y los hábitos que inclinan la balanza
La obesidad, tanto en edad adulta como pediátrica, es uno de los principales retos de salud pública. Aunque los últimos informes reflejan una cierta estabilización de la cifra, los niveles de prevalencia siguen siendo…
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La obesidad, tanto en edad adulta como pediátrica, es uno de los principales retos de salud pública. Aunque los últimos informes reflejan una cierta estabilización de la cifra, los niveles de prevalencia siguen siendo elevados y sitúan a España entre los países europeos con más carga de obesidad infantil. Más allá de la alimentación, hay otros hábitos, como el uso de pantallas o la falta de sueño, que pueden influir en la ganancia de peso.
Un entorno marcado por el sedentarismo, el exceso de tiempo frente a las pantallas, el deterioro del descanso nocturno y un progresivo abandono de patrones tradicionales en la dieta mediterránea han contribuido a un estancamiento en la prevalencia de la obesidad infantil.
“La obesidad es mucho más compleja”, ya que en ella intervienen factores genéticos, el sueño, el estrés, el entorno familiar, la situación socioeconómica o incluso circunstancias que comienzan antes del nacimiento, explica a Vozpópuli el Dr. César Molina, pediatra endocrinólogo de Hospiten Roca. En este sentido, advierte de que “es injusto reducir la obesidad a una falta de voluntad del niño o de su familia”.
Hoy en día, los menores realizan un mayor consumo de productos ultraprocesados y opciones de baja calidad nutricional. De hecho, la ingesta se ha triplicado en las últimas dos décadas, alcanzando cerca del 40%, según datos del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.
Además, también incluyen menos frutas y verduras en sus comidas, por debajo de las recomendaciones internacionales (unas cinco raciones al día), y cada vez son más frecuentes los desayunos ricos en azúcares añadidos y harinas refinadas. No obstante, el Dr. Molina aclara que "no todos los alimentos procesados son iguales" y diferencia productos como un yogur natural o unas legumbres en conserva de bebidas azucaradas, bollería o aperitivos salados. “Lo relevante es la calidad nutricional, la frecuencia y el papel que ese producto ocupa en la dieta”, insiste.
El uso de pantallas y los problemas de sueño
Actualmente, los niños emplean más tiempo de pantalla recreativa de lo recomendado por especialistas (límite de entre 1 y 2 horas según edad). Los menores de edad de 8 a 16 años pasan una media de 3 horas y 13 minutos al día frente a dispositivos electrónicos entre semana y unas 4 horas y 48 minutos diarios los fines de semana, de acuerdo con un estudio de la Fundación Gasol con datos de 2022.
La exposición continuada a la luz emitida por las pantallas puede alterar los ritmos circadianos y dificultar la conciliación del sueño al interferir en la secreción de melatonina. En esta línea, la privación del sueño favorece cambios hormonales relacionados con el apetito, la saciedad, y el metabolismo energético.
Durante las comidas, “las pantallas desvían la atención del niño de sus propias sensaciones corporales”, dificultando que identifique el hambre, la saciedad o incluso el disfrute de los alimentos, apunta a este medio Paula Gadea, psicóloga general sanitaria especializada en trastornos alimentarios y miembro del Colegio Oficial de Psicología.
La prevalencia, uno de los principales retos contra la obesidad infantil
A pesar de que la proporción de casos continúa siendo uno de los mayores problemas, España ha conseguido ser de los pocos países que ha logrado reducir ligeramente la tasa de obesidad infantil en los últimos quince años, pasando de un 32,5% en 2010 a un 30,5% en 2025, según recoge el informe World Obesity Atlas 2026, publicado por la Federación Mundial de la Obesidad. Esto posiciona a nuestro país en torno a la posición 50º a nivel mundial en prevalencia.
En términos absolutos, España ocupa el puesto 35º a nivel global, con aproximadamente 2,11 millones de niños y adolescentes (735.000 de 5 a 9 años y 1,37 millones de 10 a 19 años) con obesidad. Sin embargo, si restringimos los rankings al continente europeo, nuestro país pasa a la posición séptima en volumen total y a la sexta por tasa porcentual, superado por países como Italia y Reino Unido.
Hay distintos factores que contribuyen a una mayor prevalencia de la obesidad infantil en determinados territorios. Por ejemplo, las condiciones ambientales y socioeconómicas en Canarias, una de las comunidades autónomas con mayor nivel de pobreza junto a Andalucía y Extremadura, dificultan la reversión de esta tendencia.
Asimismo, cabe recordar que al padecer obesidad aumenta el riesgo de contraer diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y complicaciones psicológicas asociadas con el exceso de peso. “Muchos menores con obesidad sufren estigmatización, acoso escolar, baja autoestima, ansiedad o depresión”, señala el Dr. Molina.
La importancia de los hábitos familiares
Desde el sector médico insisten en la importancia del papel de las familias y de crear hábitos saludables. Los hábitos familiares son determinantes porque “los niños aprenden mucho más de lo que ven cada día que de lo que les decimos de vez en cuando”, indica Gadea. La especialista explica que las rutinas convierten cada comida en una oportunidad de aprendizaje y que los menores observan cómo comen los adultos, qué cantidades sirven o cómo se habla de determinados alimentos en casa.
Por ello, los profesionales recomiendan una higiene del sueño y una desconexión digital, evitando la exposición frente a pantallas unas horas antes de la hora de dormir y durante las comidas. En este sentido, también urgen por un uso responsable de los dispositivos electrónicos. Asimismo, los profesionales sostienen que hay que recuperar la dieta mediterránea e incluir una rutina de mínimo 60 minutos de actividad física diaria (entre ejercicio y jugar).
“Las rutinas familiares son importantísimas porque somos sus principales referentes en la primera infancia·, insiste Armero. Por ello, sostiene que los hábitos saludables deben instaurarse desde edades tempranas, ya que “lo que ellos ven y hacen todos los días es lo que se instaura más fácilmente”.
Por otro lado, médicos y psicólogos reiteran la importancia de evitar la culpabilización del menor. “Cuando se necesita hacer algún cambio no lo hace solo el menor, lo hace toda la familia. Eso es vital”, subraya Armero. “El objetivo no debería ser que el niño quiera cambiar porque rechaza su cuerpo, sino enseñarle a cuidarlo y respetarlo independientemente de su peso”, sostiene Gadea.
Fuente original
Escrito originalmente por Paula Marcos para Vozpópuli. Lee la noticia completa en Vozpópuli ↗
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