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El negocio “aburrido” que puede facturar 3 millones de euros en España: así funciona una empresa de uniformes

Vender uniformes no parece, a priori, el negocio más emocionante del mundo. No hay productos virales, grandes campañas de lanzamiento ni una idea revolucionaria detrás.

Redacción HyperNews

· 3 min de lectura · 0 lecturas · Fuente: La Vanguardia ↗

El negocio “aburrido” que puede facturar 3 millones de euros en España: así funciona una empresa de uniformes
Foto: La Vanguardia

Vender uniformes no parece, a priori, el negocio más emocionante del mundo. No hay productos virales, grandes campañas de lanzamiento ni una idea revolucionaria detrás. Pero puede esconder millones de euros, contratos de varios años y cientos de miles de euros inmovilizados en stock.

Eso es precisamente lo que descubrió el creador de contenido Adrián G. Martín al visitar My Uniform, una empresa familiar especializada en uniformidad corporativa con sede en Mallorca. Al frente está Mai Monterrubio, que llegó al negocio después de estudiar Ingeniería de Caminos y trabajar durante años en otro sector.

La empresa, que sus padres pusieron en marcha hace más de 35 años, viste a trabajadores de industrias, hoteles, hospitales, colegios, restaurantes, empresas de seguridad y administraciones públicas. Según explica Monterrubio en el vídeo, actualmente sus uniformes podrían estar siendo utilizados por entre 150.000 y 300.000 personas.

Y ahí empieza a entenderse que esto de vender ropa de trabajo tiene bastante menos de sencillo de lo que parece.

Más que un pantalón y una camisa

Uno de los momentos más llamativos del vídeo es cuando Martín intenta calcular cuánto cuesta vestir a un policía portuario con la ayuda de Mai Monterrubio.

Botas, polo, pantalón y chaqueta. Lo que aparentemente podría parecer un conjunto relativamente sencillo acaba rondando los 450 euros, según la empresaria. Si se añaden accesorios y un chaleco antibalas, el coste puede acercarse a los 1.500 euros por trabajador.

Y hay uniformes todavía más técnicos. My Uniform trabaja con prendas para profesionales que pueden desempeñar su actividad en cámaras frigoríficas a temperaturas de hasta 40 grados bajo cero, además de ropa destinada a trabajadores expuestos a riesgos como el fuego, cortes o la electricidad.

En estos casos, el uniforme deja de ser simplemente una cuestión de imagen corporativa. El material puede convertirse en una parte fundamental de la seguridad del trabajador.

La clave del negocio

La gran clave del negocio aparece cuando Martín pregunta dónde está realmente el dinero. “En la reposición”, responde la empresaria sin titubear.

La lógica es la siguiente: una empresa puede conseguir un contrato de varios años y, mientras este se mantenga, necesitar nuevas prendas periódicamente. Dependiendo del sector, algunos uniformes se sustituyen cada seis meses o cada año.

Es especialmente interesante en sectores donde los convenios establecen qué prendas debe recibir cada trabajador y con qué periodicidad. My Uniform, según los datos aportados por Monterrubio, puede facturar entre 2 y 3 millones de euros y obtener un beneficio neto aproximado del 10%. Pero mantener ese margen exige controlar hasta el último detalle.

El riesgo de tener demasiado stock

La empresa asegura tener entre 300.000 y 500.000 euros invertidos en existencias entre producto vendido y producto pendiente de vender. Tener mercancía disponible permite responder a los clientes, pero también supone tener una cantidad considerable de dinero inmovilizada.

Un error de previsión puede salir todavía más caro. Monterrubio cuenta que en el pasado llegaron a comprar producto con hasta nueve meses de antelación sin saber si acabarían vendiéndolo. Uno de esos errores les supuso alrededor de 50.000 euros.

Además, un cliente puede cambiar de modelo, modificar su logotipo o incluso dejar de funcionar. Y entonces queda un problema difícil de solucionar: ¿qué haces con cientos de prendas personalizadas que ya no necesita nadie?

Ganar una licitación también puede salir caro

Las administraciones públicas representan otra parte importante de este mercado. Para conseguir determinados contratos hay que competir en licitaciones, preparar documentación, presentar muestras y realizar ofertas técnicas y económicas. “Ganar demasiado barato puede arruinarte”, explica la empresaria.

El motivo es que conseguir el contrato no garantiza que las cuentas vayan a salir. Hay que calcular fabricación, stock, logística, personal y posibles penalizaciones por retrasos. Además, según explica Monterrubio, las cantidades finalmente consumidas pueden no coincidir con las previsiones iniciales.

Un negocio “aburrido”

Después de conocer todos estos números, queda una última pregunta: ¿es realmente un negocio aburrido? Monterrubio responde que sí. Y, curiosamente, esa puede ser precisamente una de sus ventajas. “Lo difícil es la ejecución”, resume.

My Uniform está apostando ahora por la digitalización, la expansión internacional y un modelo de franquicias. La idea no pasa por inventar un producto completamente nuevo, sino por resolver de una manera más eficiente un problema que miles de empresas tienen todos los días.


Fuente original

Escrito originalmente por @lavanguardia para La Vanguardia. Lee la noticia completa en La Vanguardia ↗

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