Del aula al negocio: la historia de globatik, la empresa que tendió un puente industrial entre Latinoamérica y España
La idea surgió, como tantas veces ocurre, de la casualidad. Uno de los fundadores cursaba el Máster en Dirección de Marketing y Gestión Comercial y otro un MBA en la misma escuela; el ambiente internacional del campus…
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La idea surgió, como tantas veces ocurre, de la casualidad. Uno de los fundadores cursaba el Máster en Dirección de Marketing y Gestión Comercial y otro un MBA en la misma escuela; el ambiente internacional del campus hizo el resto. "Empezó siendo una conversación después de clase y terminó siendo el origen de una empresa", recuerda uno de los socios. Lo que compartían no era solo un aula, sino una misma inquietud: entender cómo conectar dos mercados que, pese a la globalización, seguían desconociéndose entre sí.
Qué hace exactamente globatik
globatik es especialista en gestión de la obsolescencia y continuidad operativa industrial. Su negocio parte de un problema estructural del sector: cada año los grandes fabricantes —Siemens, Schneider Electric, ABB, Fanuc, Mitsubishi Electric, Omron, entre otros— lanzan al mercado nuevas familias de productos y tecnología. La consecuencia es que buena parte del equipamiento instalado en planta, aunque siga siendo funcional, queda descatalogado con el tiempo. Cuando un componente de esa tecnología falla, la opción que suele plantearse es sustituir todo el hardware asociado al proceso, lo que dispara el coste de una avería puntual.
globatik ofrece una alternativa: que la máquina siga operando con la misma tecnología, sin necesidad de una gran inversión, a través de producto descatalogado y reparación certificada. En la práctica, actúa como socio de las plantas industriales cuando el repuesto "parece imposible" de encontrar, con una red de suministro que va desde Europa hasta Norte América y capacidad de respuesta en plazos muy ajustados.
Una oportunidad con nombre propio
Uno de los fundadores había trabajado más de doce años en el sector de la automatización en Colombia, con fabricantes como Schneider Electric y Rittal, antes de trasladarse a España para continuar su carrera en una empresa del mismo sector. Esa experiencia a ambos lados del Atlántico le permitió detectar un vacío: tecnologías y soluciones que en Europa ya eran estándar tardaban en llegar —o directamente no llegaban— al mercado latinoamericano.
Sus dos socios aportaron la otra mitad de la ecuación: análisis de mercado, método y una obsesión por entender a la competencia. "Fue entonces cuando lo vimos claro: aquello no era un ejercicio académico más. Había una oportunidad real para crear una empresa que conectara soluciones industriales entre continentes", explican.
Los primeros meses, entre el entusiasmo y el agotamiento
El arranque fue el de cualquier proyecto emprendedor con recursos limitados. Los tres socios mantenían sus empleos mientras levantaban la empresa, lo que —sumado a la diferencia horaria de siete y ocho horas con Colombia y México— convertía la tarde española en jornada laboral duplicada: las reuniones reales empezaban a las cuatro de la tarde y a menudo se prolongaban hasta pasada la medianoche.
En esa etapa todos hacían de todo: ventas, estrategia, análisis normativo país por país. "Los retos eran los de cualquier empresa joven, pero multiplicados por la distancia y el tiempo", resumen. Poco a poco, sin embargo, los resultados empezaron a llegar y el proyecto dejó de ser, en sus propias palabras, "un experimento nocturno" para convertirse en una empresa con futuro.
De Colombia a cuatro países
La expansión no respondió a un plan de crecimiento agresivo, sino a la constatación de que el problema que resolvían en Colombia se repetía, casi idéntico, en México y Perú. "No se trataba de abrir mercados por ambición, sino de acompañar una demanda real que ya existía", señalan los fundadores.
La compañía optó por una estructura ligera —redes locales y alianzas estratégicas en lugar de réplicas de modelos tradicionales de expansión— que le permitió crecer sin que la operación se volviera inmanejable. Detrás de esa decisión hay una tesis de fondo: Latinoamérica no es un conjunto de mercados aislados, sino un ecosistema conectado por cultura y desafíos comunes, lo que permitió diseñar desde el principio una estrategia regional y no un desembarco país por país.
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Comentarios (2)
- L
Lucía R. · hace 2 h
Excelente análisis, me ha aclarado varias dudas que tenía. ¡Gracias!
- M
Marcos T. · hace 5 h
No estoy del todo de acuerdo con el segundo punto, pero muy bien argumentado.



